Al leer Lc 18, 9-14, "¿Cuál de los
dos papeles interpretamos en la experiencia cristiana?
Jesús hace un contraste de dos figuras: una, el hombre que se cree creyente y
seguro de sí mismo. Siente que Dios tiene que agradecerle por tanta
religiosidad con la que vive.
La otra figura es la de un pecador; la de un marginado religiosamente hablando,
que no siente seguridad de nada; lo único que hace es confiar en el amor
misericordioso del Padre. Solo espera que Dios lo acoja y salve impuestos. Que
nunca sintamos merito delante de Dios."
"Santa Teresa de Ávila discurría que la "humildad es andar en la
verdad"; y San Antonio María Claret, por su parte, recomendaba a sus
misioneros procurasen crecer en esta virtud...Jesús pide que sus
discípulos eviten el juicio manifiesto sobre los demás. Se trata de la
hipocresía que se disfraza de genuino interés por los hermanos... Jesús indica
que conviene hacernos cargo de la comunidad asumiendo primero, sin complejos y
con sano realismo, el trabajoso discernimiento de la propia vida."
Amor
y perdón son, por decirlo así, dos caras de una misma moneda. Cuando amamos y
herimos a nuestro ser amado tenemos que dar la vuelta, volver donde él y pedir
perdón. Solo así se salvará el amor. Pero a veces no es tan fácil reconocer nuestros
fallos o movernos al perdón. El orgullo, las distracciones y muchas otras cosas
pueden impedir o hacernos ver que hemos herido y debemos perdonar. Hace unos
años esta experiencia me inspiró a escribir esta poesía:
Olvida si al llegar y ver tus ojos
llenos
de ansiedad y tristeza
reprochara.
Olvida si al llegar y ver tu enojo
llena mi alma en
dureza
encerrara.
Olvida si al llegar sin preguntarte
tus problemas y ansias
enjuiciara.
Olvida al fin vida si al mirarte
mi amor y mis angustias
ocultara.
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