Amoris Laetitia 64
CUANDO LA MUERTE CLAVA SU Aguijón
253.
A veces la vida familiar se ve desafiada por la muerte de un ser querido…Abandonar
a una familia cuando la lastima una muerte seria una falta de misericordia,
perder una oportunidad pastoral, y esa actitud puede cerrarnos las puertas para
cualquier otra acción evangelizadora.
254. Comprendo
la angustia de quien ha perdido una persona muy amada, un cónyuge con quien ha
compartido tantas cosas… ¿Y cómo no comprender el lamento de quien ha perdido
un hijo?...Y a veces se llega incluso a culpar a Dios…A quienes no cuentan con
la presencia de familiares a los que dedicarse y de los cuales recibir afecto y
cercanía, la comunidad cristiana debe sostenerlos con particular atención y
disponibilidad, sobre todo si se encuentran en condiciones de indigencia».
255… el duelo
por los difuntos puede llevar bastante tiempo, y cuando un pastor quiere
acompañar ese proceso, tiene que adaptarse a las necesidades de cada una de sus
etapas…En algún momento del duelo hay que ayudar a descubrir que quienes hemos
perdido un ser querido todavía tenemos una misión que cumplir, y que no nos
hace bien querer prolongar el sufrimiento, como si eso fuera un homenaje. La
persona amada no necesita nuestro sufrimiento ni le resulta halagador que
arruinemos nuestras vidas. Tampoco es la mejor expresión de amor recordarla y
nombrarla a cada rato, porque es estar pendientes de un pasado que ya no existe,
en lugar de amar a ese ser real ahora esta en el mas allá…Eso no es imaginar al
ser querido, tal como era, sino poder aceptarlo transformado, como es ahora.
257. Una manera de comunicarnos con lo
seres queridos que murieron es orar por ellos…Orar por ellos «puede no
solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor».
¿Tienes aún
algún duelo que no hayas podido cerrar?
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