Mateo (5,43-48):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»
Comentario Diario Bíblico Claretiano 2026
Jesús desafía la lógica del “siempre se ha hecho así”, presentando una nueva forma de entender nuestras relaciones, basada en el amor. Pero no es cualquier amor, sino uno que está profundamente ligado a la justicia. Jesús no solo nos invita a amar a quienes nos aman, sino también a nuestros enemigos, lo que representa uno de los mayores desafíos para el ser humano. Amar a quienes nos han herido parece imposible. Para enfrentar esta dificultad, Jesús habla de la perfección, pero no como perfección moral, física o intelectual, sino como perfección en el amor. Lo que se le pide al cristiano es amar de manera plena, desinteresada y universal, tal como lo hace el Padre celestial. Solo un amor vivido así puede transformarnos personalmente, y también es la clave para construir un mundo más justo, basado en el perdón y la misericordia. ¿Estamos dispuestos a vivir ese amor perfecto que puede cambiar el mundo?