La naturaleza es sabia: un árbol sano da buenos frutos, y cada árbol se reconoce por lo que produce. Así, en el seguimiento de Jesús, quien escucha y vive según el Evangelio saca cosas buenas de su corazón. La verdadera coherencia con la enseñanza de Jesús solo nace de un cambio de corazón hacia los valores y actitudes de Dios. Lucas nos recuerda que, para vivir la fe de verdad, necesitamos fe, renuncia, compromiso y un discernimiento constante. No basta con decir “Jesús es mi Señor” y proclamarlo sin más; eso es fácil y superficial. Si nuestra fe solo se apoya en palabras, construimos sobre la arena del conformismo y la indiferencia. Esa “casa” de fe puede verse bonita, pero no tiene raíces profundas en el Evangelio. Hoy, preguntémonos: ¿Mi fe se sostiene en la meditación de la Palabra de Dios y en un discernimiento constante?
Diario Bíblico Claretiano 2026