Sal y luz
Jesús compara a sus discípulos con la sal y la luz, dos elementos esenciales para la vida. La sal, en tiempos de Jesús, protegía contra la corrupción, realzaba el sabor y, mezclada con miel, se usaba para curar. De igual manera, Jesús pide a sus seguidores ser un testimonio vivo del amor de Dios, protegiendo la vida del mal y trayendo esperanza y sanación a los demás. No basta con resistir al mal, sino también con mejorar y transformar la vida de quienes nos rodean. La luz, por su parte, ilumina y guía en la oscuridad. Jesús llama a sus discípulos a ser esa luz que, con los valores del Evangelio, muestra el camino hacia una vida plena. Ser sal y luz implica un compromiso activo con el mundo y con quienes nos rodean, para que nuestras vidas reflejen el amor y la justicia de Dios. ¿Estamos siendo verdaderamente sal y luz en nuestra vida diaria?
Diario Bíblico Claretiano 2926