5º Domingo de Pascua
Santos Felipe y Santiago, apóstoles (s. I)
Exaltación de la Cruz (algunos países)
Hechos 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de Espíritu
Salmo 33: «Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros»
1 Pedro 2,4-9: «Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real»
Juan 14,1-12: «Yo soy el camino, la verdad, y la vida»
La elección de los primeros diáconos nos reta, como Iglesia, a ser más inclusivos en los ministerios. Los apóstoles, al ver la necesidad de servir mejor a la comunidad, delegaron responsabilidades, reconociendo la diversidad de dones entre sus miembros. Este pasaje nos plantea una pregunta clave para hoy: ¿cómo avanzar hacia una mayor inclusión ministerial, respetando la tradición y, a la vez, respondiendo a los signos de los tiempos? El rol de las mujeres en los ministerios, la participación de los laicos y la renovación de los mismos son temas ineludibles para ser fieles a nuestra misión, siempre guiados por el Espíritu Santo y en continuidad con el Concilio Vaticano II.
Pedro nos recuerda que formar parte de una comunidad espiritual es una misión que trasciende cualquier tipo de autorreferencialidad o espiritualismo. Somos llamados a ser un “pueblo elegido”, no por exclusividad, sino por una responsabilidad compartida. Este llamado, recibido en el bautismo, nos invita a ser sacerdotes, profetas y reyes, participando activamente en la construcción de una comunidad que acoge a todos. La elección divina no nos eleva por encima de los demás, sino que nos otorga la tarea de servir con amor y compromiso, buscando siempre el bien común y promoviendo la inclusión en todas sus formas. Pertenecer a este proyecto no es un privilegio, sino una invitación a caminar juntos, reconociendo que todos somos parte del plan de Dios.
Jesús se presenta como el camino, la verdad y la vida. Al decir “yo soy el camino”, nos invita a seguir su ejemplo de amor y servicio desinteresado, un sendero que nos lleva a una vida plena en comunidad. Al identificarse como “la verdad”, nos desafía a abrazar su amor comprometido como una verdad que confronta las mentiras de la posverdad, promoviendo una visión clara y honesta del ser humano y del mundo. Al ser “la vida”, nos ofrece una opción que da sentido a cualquier existencia que quiera asumir sus mismas causas. Vivamos sus enseñanzas en nuestro día a día, con compasión y responsabilidad. Más que una fe teórica, Jesús nos llama a encarnar su amor en cada acción y decisión.
¿Cómo reflejamos a Jesús en nuestra vida cotidiana? ¿Es nuestra Iglesia un espacio de creatividad ministerial?
Diario Bíblico Claretiano 2026
Feliz quinto domingo de Pascua