Sexto Domingo del tiempo ordinario
El don de la libertad es uno de los que más nos hace semejantes a Dios. En un mundo que frecuentemente busca respuestas fáciles o soluciones externas, nuestra libertad puede resultarnos desconcertante. A veces, preferiríamos ser manipulados, evitando así la responsabilidad de nuestras decisiones. Sin embargo, es precisamente en esta libertad donde reside la grandeza de nuestra vocación: asumir lo que somos plenamente y, en ese camino, experimentar un encuentro auténtico con Dios y los demás.
El libro del Eclesiástico describe claramente esta realidad: el ser humano puede elegir entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. Esta libertad es completa, pero conlleva una responsabilidad total. No podemos culpar a los demás, ni siquiera a Dios, por nuestras elecciones; somos responsables de las decisiones que tomamos. Esa responsabilidad surge del corazón, desde donde brotan nuestras verdaderas intenciones y deseos.
Jesús, en el Evangelio, retoma y eleva esta idea. No se limita a la observancia externa de la Ley, sino que llama a una transformación interior, a vivir desde un corazón reconciliado con Dios. Para Él, la verdadera libertad no consiste solo en poder elegir, sino en la capacidad de optar por el bien, de vivir conforme a la voluntad divina. Nos exhorta a superar el cumplimiento superficial de las normas, buscando la perfección en el amor, la pureza de corazón y la sinceridad en nuestras relaciones.
San Pablo, en su carta a los Corintios, añade una dimensión aún más profunda: la sabiduría de Dios, distinta de la sabiduría del mundo. Esta sabiduría revela el verdadero sentido de nuestra libertad y guía nuestras decisiones, iluminándolas con la luz del Espíritu. Nos permite percibir la realidad a través de la fe, descubriendo la presencia de Dios en cada acontecimiento y decisión.
De este modo, nuestra libertad se convierte en el escenario donde se desarrolla nuestra relación con Dios y los demás. ¿Estamos usando este don para acercarnos a Él y a nuestros hermanos, o nos dejamos arrastrar por las falsas seguridades del mundo?
Diario Bíblico Claretiano 2026