San Esteban
Hch 6,8-10; 7,54-60
Sal 31
Mt 10,17-22
Hoy, de sopetón, la liturgia nos muestra a un Jesús adulto. ¡Qué rápido crecen los niños y, así, se pasa la vida! Encontramos una advertencia dirigida a la comunidad discipular, respecto de los desafíos que enfrentarán al seguir su camino. Serán entregados a los tribunales, azotados y perseguidos por su causa. En esta situación, la promesa del Espíritu que hablará a través de ellos toma un significado especial. Retomamos acá, el anuncio del Dios con nosotros, que en las buenas y en las malas, camina con su Pueblo. Ese mismo Espíritu divino fue el que inspiró a Esteban, diácono, a servir a las personas necesitadas y a tener elocuencia de palabras, además, la fortaleza necesaria para la entrega de la vida. La hostilidad de un mundo empecatado se vuelca con toda su furia, hacia quienes encarnan la Buena Nueva de Jesús. Son el retrato vivo de las tensiones que surgen al comprometerse con las causas justas. Sin embargo, Jesús promete la vida plena para aquellos que perseveren y se mantengan fieles.
Diario Bíblico Claretiano
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