El pasaje de hoy nos vuelve a mostrar a Jesús enfrentándose a la rigidez de las normas religiosas del sábado, esta vez dentro de una sinagoga. Allí, se encuentra con un hombre que tiene la mano paralizada, lo que en su tiempo representaba una gran desventaja social y económica, ya que sus manos eran sus herramientas de trabajo. El hecho de que esto ocurra en sábado, día de descanso para los judíos, abre la polémica. Jesús, en medio de todos, coloca al hombre frente a la comunidad y hace una pregunta directa a los fariseos: “¿Qué está permitido en sábado?”. Ante su silencio, Jesús actúa. Marcos destaca la dureza de corazón de los presentes, una actitud que contrasta con la misericordia de Jesús, quien sana al hombre. Este acto no solo muestra el poder de Jesús, sino su prioridad: la persona está por encima de la ley. Jesús nos revela un Dios que pone siempre el amor y la misericordia primero, sobre las normas que, muchas veces, pueden ser frías e insensibles a la realidad humana.
Diario Bíblico Claretiano
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