domingo, 18 de enero de 2026

#2930- Semana de Oración por la unidad de los cristianos

 Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026

Un solo Espíritu, una sola esperanza (Ef 4,4)

Introducción

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra cada año del 18 al 25 de enero, concluyendo con la fiesta de la conversión de san Pablo.

A lo largo de estos 8 días los cristianos de todo el mundo y de todas las confesiones  cristianas son invitados a continuar con la oración de Jesús en la Últi-ma Cena: «Padre, que todos sean uno para que el mundo crea» (cf. Jn 17,21).

La petición por la unidad visible de todos los cristianos ha de ser constante en todas las Iglesias. Trabajar y orar por la comunión plena con todos los medios a nuestro alcance es una dimensión esencial de nuestra misión. Por eso en esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos estamos llamados a reflexionar sobre la importancia del ecumenismo en la vida de la Iglesia.

Y queremos, con estos materiales, que esta preocupación común de toda la Iglesia se transmita también a los catequistas, los niños, los adolescentes y los jóvenes de nuestras parroquias y comunidades cristianas. Con este objetivo se han elaborado estos materiales, que constan de un material para trabajar con los niños o adolescentes y una guía para el monitor o catequista, en la que se explica cada apartado y se proponen algunas actividades (son

sugerencias que el monitor o catequista habrá de seleccionar en función del grupo y el tiempo que quiera dedicarle).

1. ¿Qué es la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos?

La primera parte quiere profundizar en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos y en el lema escogido para este año por la Iglesia apostólica armenia, que está inspirado en la Carta a los Efesios (4,4). Igualmente quiere hacer tomar conciencia de la situación de división que existe entre los cristianos, lo que nos impide vivir en plena comunión a católicos, ortodoxos y protestantes.

Para profundizar

Los cristianos compartimos un bautismo y tenemos una fe común en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, tal y como lo proclamamos en el credo. Cristo fundó una sola Iglesia (una sola familia) que, a lo largo de la historia, por diversas circunstancias (culturales, geográficas, teológicas, etc.), ha ido experi-mentando en su interior la división y la separación dando lugar a lo que hoy llamamos confesiones, Iglesias o comunidades eclesiales, entre las que se encuentran —a grandes rasgos— las Iglesias orientales (coptos, caldeos, armenios, siro-ortodoxos, siro-malabares, etc.), las Iglesias ortodoxas bizantinas (patriarcado ecuménico de Constantinopla, patriarcado de Rumanía, de Moscú, Serbia, etc.), las comunidades eclesiales luteranas, reformadas, anglicanas, bautistas, metodistas, evangélicas, pentecostales, etc. Entre todas ellas hay diferencias significativas que nos impiden vivir una comunión total, pero siempre es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

Y todos compartimos el mismo bautismo y la fe en la Trinidad, así como en la mediación universal de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Sin embargo, la situación en la que nos encontramos en la actualidad nos impide poder celebrar juntos la eucaristía y poder comulgar juntos en la misma celebración de la santa misa. Solo en casos excepcionales se permite a un católico comulgar, recibir la unción de enfermos y confesarse de manos de un sacerdote ortodoxo, y viceversa.

El ecumenismo procura el reencuentro de los cristianos separados para poder vivir como una sola familia: la Iglesia de Cristo. Y, para ello, rezamos por la unidad, organizamos encuentros para conocernos mejor y romper prejuicios, dialogamos y tendemos puentes de amistad, y damos testimonio juntos del amor de Cristo poniéndonos al servicio de todo el mundo. Todo este movimiento hacia la unidad y la fraternidad es lo que llamamos ecumenismo.


2. Los hermanos de la Iglesia apostólica armenia

Este año, las oraciones y reflexiones para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos han sido preparadas por los fieles de la Iglesia apostólica armenia, junto con sus hermanos y hermanas de las Iglesias armenias católica y evangélica. Por ello presentaremos las características de la Iglesia apostólica armenia, que se remonta a los primeros tiempos de lacristiandad, que tiene sus orígenes en la predicación de los apóstoles Tadeo y Bartolomé.

Para profundizar

Los orígenes de la Iglesia apostólica armenia están profundamente arraigados en las enseñanzas de los apóstoles Tadeo y Bartolomé, que evangelizaron Armenia ya en el siglo i d. C. Sin embargo, fue bajo la guía de san Gregorio el Iluminador, el primer catolicós (patriarca) oficial de Armenia, cuando el cristianismo comenzó a florecer. En el año 301 d. C., Armenia se convirtió en la primera nación en adoptar el cristianismo como religión estataltñ bajo el reinado de Tiridates III, un acontecimiento que distinguió a Armenia como pionera de la fe mucho antes de que el Imperio romano abrazara el cristianismo.

La Santa Sede de Echmiadzin, situada cerca de Ereván, es el centro espiritual y administrativo de la Iglesia apostólica armenia. La sagrada Tradición cuenta que san Gregorio recibió una visión divina de Cristo descendiendo del cielo y golpeando el suelo con un martillo de oro, designando el lugar para la primera catedral armenia. Esta visión condujo a la construcción de la santa catedral de Echmiadzin, una de las iglesias más antiguas del mundo, símbolo del vínculo perdurable entre la Iglesia armenia y sus fieles. A lo largo de los siglos, la Sede Madre se ha convertido en un centro de espiritualidad y autoridad eclesiástica que guía a los fieles y preserva el patrimonio cristiano armenio.

La Iglesia apostólica armenia forma parte de la tradición ortodoxa oriental, caracterizada por prácticas teológicas y litúrgicas distintivas. Sus rituales, conformados tanto por antiguas costumbres cristianas como por influencias culturales armenias, reflejan una profunda veneración y profundidad espiritual. La divina liturgia y los sacramentos de la Iglesia, celebrados en armenio clásico, incorporan cantos centenarios, incienso y ornamentos, creando una atmósfera que conecta a los fieles con la Iglesia primitiva.

La Iglesia apostólica armenia, de acuerdo con las enseñanzas de los tres primeros concilios ecuménicos, defiende la doctrina apostólica de la Santísima Trinidad y la plenitud de la divinidad y la humanidad de Cristo, alineándose con la comunión ortodoxa oriental más amplia. La Iglesia afirma que Cristo padeció, fue crucificado, resucitó al tercer día y ascendió al cielo,y espera su glorioso retorno para juzgar a vivos y muertos. Esta comprensión cristológica configura profundamente la enseñanza teológica de la Iglesia y ha dado lugar al establecimiento de relaciones ecuménicas a lo largo de la historia. Mediante el sacramento del bautismo, los armenios confiesan que nacen de nuevo en Cristo y participan en la vida divina a través del sacramento de la sagrada comunión y la celebración de la eucaristía. La Iglesia confiesa que el Espíritu Santo, que inspiró a los profetas y a los apóstoles, sigue inspirando a los fieles y guiando a la Iglesia, que es una, santa, universal y apostólica. La Iglesia administra un único bautismo y proclama la resurrección de los muertos, el juicio eterno y la promesa de la vida eterna en el reino de los cielos.

Más allá de su misión espiritual, la Iglesia ha desempeñado un papel decisivo en el desarrollo de la cultura armenia. Fue crucial su papel en la invención del sistema alfabético armenio y en el florecimiento de la literatura y el arte armenios, incluido el monumental proyecto de traducir la Biblia al armenio. Durante los períodos de dominio extranjero, incluidos los Imperios árabe, mongol, persa y otomano, la Iglesia actuó como guardiana de la lengua, la literatura y las artes armenias. Los monasterios surgieron como centros de aprendizaje y producción cultural, conservando manuscritos y fomentando el arte religioso que encarna la identidad cristiana armenia.

Incluso bajo el ateísmo soviético, la Iglesia mantuvo una presencia silenciosa pero resistente, apoyando las necesidades espirituales y culturales del pueblo armenio.


3. Un texto para reflexionar: Ef 4,1-6

Es el texto ofrecido por la Iglesia apostólica armenia para reflexionar durante esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos sobre la importancia de que los cristianos vivamos unidos y nos mantengamos en comunión en lo esencial, más allá de nuestras diferencias.

Para profundizar

El mandamiento fundamental de Jesús de amarnos unos a otros como él nos ha amado (Juan 13,34-35) refuerza que este amor es la esencia de nuestra unidad. Este amor sacrificado y desinteresado es a la vez el vínculo de nuestra comunidad y el testimonio primordial de nuestro seguimiento. La oración de Jesús al Padre pidiendo para que nuestra unidad sea un testimonio anteel mundo (Juan 17,23) se convierte en un testamento que prolonga su misión

divina. En Efesios 4,4 se resume la enseñanza de Pablo sobre la unidad, subrayando que los seguidores de Cristo representan «un solo cuerpo y un soloEspíritu», unidos en una única esperanza.

La metáfora del cuerpo de Cristo representa a la Iglesia como una entidad unificada que trasciende las barreras de la geografía, la nacionalidad, la etnia y la tradición. Se describe así la unidad en la diversidad de sus miembros.

Esta unidad se refuerza al añadir: «un solo Espíritu». El Espíritu Santo sostiene esta comunión y capacita a la Iglesia para cumplir su misión. El Espíritu Santo es la fuente de la vida espiritual y el guía para los creyentes, asegurando que los diversos miembros de la Iglesia están juntos en una misma fe y un mismo fin. El Espíritu fomenta una profunda conexión espiritual entre los creyentes, que trasciende las diferencias y crea un vínculo que refleja la unidad de la Santísima Trinidad. Y, finalmente, esta enseñanza se completa al afirmar que todos los cristianos están llamados a la «única esperanza» de salvación y vida eterna. Este es el objetivo último y la motivación de la vida cristiana, que proporciona una visión y un propósito comunes a todos los creyentes y los une en su camino de fe y en su vida cotidiana. Esta visión compartida hace superar las divisiones confesionales y culturales, animando a los cristianos a trabajar juntos en todo lo que les es posible. Hacer de la «esperanza compartida» el objetivo de nuestra vocación como cristianos define nuestra pertenencia a la Iglesia en términos de comunión universal en la esperanza de la salvación y la vida eterna.

En un mundo en el que coexisten diversas tradiciones y expresiones de fe tantas veces en división, Efesios 4,4 nos recuerda que todos los creyentes forman parte del «único cuerpo» de Cristo. Esta unidad no consiste en la realización uniformidad, sino en un compromiso por mantenerse en la comunión de las verdades esenciales de la fe cristiana. Un excelente ejemplo del poder trans- formador del Espíritu es que cristianos de diversas procedencias se unan con autenticidad y sinceridad en un objetivo común y compartido.

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