Reflexiones de un laico 76
Eclesiástico 17-27
Toda carne y como un vestido envejece, pues ley eterna es: hay que morir.
Lo mismo que las hojas sobre árbol tupido, que unas caen y otras brotan, así la generación de carne y sangre: una muere y otra nace.
Toda obra corruptible desaparece, y su autor se irá con ella.
Feliz el hombre que se ejercita en la sabiduría, y que en su inteligencia reflexiona,
que medita sus caminos en su corazón, y sus secretos considera.
Sale en su busca como el que sigue el rastro, y en sus caminos se pone al acecho.
Se asoma a sus ventanas, y a sus puertas escucha.
Acampa muy cerca de su casa, y clava la clavija en sus muros.
Monta su tienda junto a ella, y se alberga en su albergue dichoso.
Pone sus hijos a su abrigo, y bajo sus ramas se cobija.
Por ella es protegido del calor, y en su gloria se alberga.
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