Leía el otro día una frase de Mons. Angelelli, mártir de los pobres en Argentina que decía: "Cuando la vida se esconde entre espinas, siempre florece una flor".
Hoy Jesús nos presenta la parábola del sembrador, que me hace recordar la del trigo y cizaña, a la cual hace referencia el Monseñor.
Mateo no los cuenta en el Capitulo 13, 24-30 de su evangelio.
"El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?"Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo". Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?"No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero"".
Si comparamos la cizaña con las espinas, las palabras del Monseñor nos ponen en la realidad de nuestras propias vidas. Porque nacemos y vamos avanzando en la vida por un mundo lleno de obstáculos y de situaciones que nos duelen cual las espinas del jardín o los cardos o caillos del sembradío. Sin embargo, a pesar de todo, la buena semilla no se deja vencer y da su fruto, da su flor. El Señor sabe que los avatares de la vida y las luchas por dar frutos buenos nos hacen más fuertes. También sabe el Señor que en el campo del mundo a veces los malos se confunden con los buenos. Por eso El, con paciencia espera la siega, el final, para recoger a los suyos y darles el premio eterno. Mientras, hace llover sobre malos y buenos.
WQN
Julio 2017
No hay comentarios.:
Publicar un comentario