domingo, 31 de enero de 2021

#1084 - La Buena Nueva 5

 Marcos 2, 23-28

"Uno de los problemas mas complejos de toda religión, y también del cristianismo, es la tendencia de <absolutizar lo relativo y relativizar lo absoluto>. La religión es experta en hacer <legalismos>, en enseñorear la ley y en menospreciar el Espíritu. Es eso lo que Jesús condena  en el Evangelio. La religión tiene la capacidad de hacer que la ley se convierte en realidad pervertida y opresora. El sábado nació como una experiencia de liberación, de humanización, de protesta ante el sistema esclavista egipcio. Pero con el tiempo se convirtió en finalidad, no en mediación, tal como fue su origen. El sábado se convirtió en una cárcel, en una tragedia, en una carga insoportable; en ligar de garantizar la vida y la dignidad, generaba deshumanización y muerte. El sábado, manipulado por la clase religiosa, dejo de ser la propuesta liberaria que fue en el comienzo. Jesús coloco la vida por encima de cualquier precepto religioso, para siempre."


Tomado del Diario Bíblico 2021

sábado, 30 de enero de 2021

#1083 - Imitar a Jesús 29

 Imitar a Jesús 29

 La  Iglesia Católica siempre ha guiado a través de su Magisterio a sus fieles en cada momento histórico en que se encuentra la humanidad. Su voz se ha traducido principalmente en los escritos del Papa. Entre estos, Papa Francisco comenzó con un plan de acción para toda la Iglesia y el mundo: la "Evangelii Gaudium".


Veamos algo de los que nos señala Francisco en su capítulo II con respecto al dinero.

I.    Algunos desafíos del mundo actual

 52. La humanidad vive en este momento un giro histórico, que podemos ver en los adelantos que se producen en diversos campos. Son de alabar los avances que contribuyen al bienestar de la gente, como, por ejemplo, en el ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas patologías van en aumento. El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad. Este cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus veloces aplicaciones en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces anónimo.

 No a una economía de la exclusión

 53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

 54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

 No a la nueva idolatría del dinero

 55. Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial, que afecta a las finanzas y a la economía, pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.

 56. Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.

 No a un dinero que gobierna en lugar de servir

 57. Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética —una ética no ideologizada— permite crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos».

 58. Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

  

"A veces uno se pregunta porque Jesús señaló a los niños como  referencia de su seguimiento. Generalmente la respuesta es porque son ingenuos, son frágiles o, como dice la gente, son puros. Es posible que todo sea verdad. Pero parece que la verdadera razón es porque el niño depende totalmente de su padre o de su madre... El Señor nos regale un corazón de niños."

viernes, 29 de enero de 2021

#1082 - Imitar a Jesús 28

 

I.    La iglesia nos enseña

 En su Exhortación Apostólica "Evangelii Gaudium"  el Papa Francisco, en sus números 93-97, nos ayuda a discernir nuestra vida y la de la comunidad eclesial.

No a la mundanidad espiritual

 93. La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal. Es lo que el Señor reprochaba a los fariseos: « ¿Cómo es posible que creáis, vosotros que os glorificáis unos a otros y no os preocupáis por la gloria que sólo viene de Dios?» (Jn 5,44). Es un modo sutil de buscar «sus propios intereses y no los de Cristo Jesús» (Flp 2,21). Toma muchas formas, de acuerdo con el tipo de personas y con los estamentos en los que se enquista. Por estar relacionada con el cuidado de la apariencia, no siempre se conecta con pecados públicos, y por fuera todo parece correcto. Pero, si invadiera la Iglesia, «sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral».

 94. Esta mundanidad puede alimentarse especialmente de dos maneras profundamente emparentadas. Una es la fascinación del gnosticismo, una fe encerrada en el subjetivismo, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos. La otra es el neopelagianismo autorreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado. Es una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente. Son manifestaciones de un inmanentismo antropocéntrico. No es posible imaginar que de estas formas desvirtuadas de cristianismo pueda brotar un auténtico dinamismo evangelizador.

 95. Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes aparentemente opuestas pero con la misma pretensión de «dominar el espacio de la Iglesia». En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia. Así, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. En otros, la misma mundanidad espiritual se esconde detrás de una fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, o en una vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, o en un embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial. También puede traducirse en diversas formas de mostrarse a sí mismo en una densa vida social llena de salidas, reuniones, cenas, recepciones. O bien se despliega en un funcionalismo empresarial, cargado de estadísticas, planificaciones y evaluaciones, donde el principal beneficiario no es el Pueblo de Dios sino la Iglesia como organización. En todos los casos, no lleva el sello de Cristo encarnado, crucificado y resucitado, se encierra en grupos elitistas, no sale realmente a buscar a los perdidos ni a las inmensas multitudes sedientas de Cristo. Ya no hay fervor evangélico, sino el disfrute espurio de una autocomplacencia egocéntrica.

 96. En este contexto, se alimenta la vanagloria de quienes se conforman con tener algún poder y prefieren ser generales de ejércitos derrotados antes que simples soldados de un escuadrón que sigue luchando. ¡Cuántas veces soñamos con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, propios de generales derrotados! Así negamos nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa, porque todo trabajo es «sudor de nuestra frente». En cambio, nos entretenemos vanidosos hablando sobre «lo que habría que hacer» —el pecado del «habriaqueísmo»— como maestros espirituales y sabios pastorales que señalan desde afuera. Cultivamos nuestra imaginación sin límites y perdemos contacto con la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel.

 97. Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia. Ha replegado la referencia del corazón al horizonte cerrado de su inmanencia y sus intereses y, como consecuencia de esto, no aprende de sus pecados ni está auténticamente abierto al perdón. Es una tremenda corrupción con apariencia de bien. Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales! Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios. ¡No nos dejemos robar el Evangelio!

 Que esta reflexión nos sirva para ser mejores cristianos.

jueves, 28 de enero de 2021

#1081 - La Buena Nueva 4

 Marcos 2, 18-22

"!Que admirable es Jesús! El sale de la lógica existente . Su propuesta desafía todas las vertientes de la sociedad y es capaz de colocar en jaque hasta las tradiciones mas <sagradas> y <honorables> de la institución religiosa. Hoy encontramos a Jesús que se enfrenta, de manera fuerte y radical a los fariseos y su forma de realizar el ayuno, y lo relativiza. Dios no necesita que las personas hagan esfuerzos para acceder a el. El amor de Dios no se alcanza a punta de méritos ni cumpliendo penitencias. La Buena Nueva de la que es portador Jesús, que el mismo inaugura con su palabra y vida, es una realidad acogida en gratitud y marcada por la alegría, la felicidad y por una relación amorosa y filial con el Padre Dios, Jesús  rompe con la religión acostumbrada a colocar penitencias y privaciones e indica que lo nuevo es el Evangelio. Lo nuevo, no se puede mezclar con lo antiguo. >Seremos capaces de aceptar la propuesta de Jesús?"

Tomado del Diario Bíblico 2021

miércoles, 27 de enero de 2021

#1080 - Matrimonio 2

 

El Matrimonio (2)

1.       Los hijos en el horizonte

«La institución matrimonial y el amor conyugal no solo se ordenan a la necesaria complementariedad de ambos cónyuges, como ayuda mutua y remedio a la soledad humana, sino también a la procreación y educación responsable de los hijos»”

“Con los hijos surge plenamente la familia…’

2.       Casados en medio de esta sociedad

«La familia no debe ser considerada como organismo cerrado, sino como una célula abierta al servicio de la sociedad…Abran su espíritu a la idea de la comunidad tanto eclesiástica como temporal». (Rit. n.79).”

«El amor conyugal debe llevar a los esposos a practicar el ejercicio de la hospitalidad, a promover la justicia y demás obras…al servicio de todos los hermanos que padecen necesidad» (Rit. n. 75).”

«Casarse por la Iglesia significa también casarse para la Iglesia» (Rit. n. 28c).”

martes, 26 de enero de 2021

#1079 - Imitar a Jesús 27

 Imitar a Jesús 27

 

El Señor Jesús nos ha llamado a ser sal y luz del mundo:

          Sal, porque la sal libra de la corrupción a los alimentos, especialmente las    carnes. Les preserva y no permite que se corrompan.

          Luz, porque la luz, desde un lugar alto, alumbra la oscuridad, nos muestra el camino que hay por delante, nos guía.

          Por eso, todo católico, tiene que denunciar la corrupción donde quiera que se dé, comenzando con el mismo. Esto nos llama a ser honestos en todo lo que hagamos, a cumplir con todas nuestras obligaciones ciudadanas y a defender siempre la verdad.

          Por otro lado, tenemos que ser guías para todos los que viven en tinieblas, enseñándoles y corrigiéndolos para que conozcan la Verdad, que es Cristo. Esta misión debe comenzar también por uno mismo. Pues el ejemplo de vida es lo que más arrastra.

         Examinemos cómo estamos ejerciendo estas dos llamadas de Cristo y si no estamos siendo sal y luz desde hoy comencemos a hacerlo.

lunes, 25 de enero de 2021

#1078 - Amoris Laetitia 67

 

Amoris Laetitia 67

 VALOR DE LA SANACION COMO ESTIMULO

 268… es indispensable sensibilizar al niño o al adolescente para que advierta que las malas acciones tienen consecuencias. Hay que despertar la capacidad de ponerse en el lugar del otro y de dolerse por su sufrimiento cuando se le ha hecho daño… Es importante orientar al niño con firmeza a que pida perdón y repare el daño realizado a los demás.  

269. La corrección es un estímulo cuando también se valoran y se reconocen los esfuerzos y cuando el hijo descubre que sus padres mantienen viva una paciente confianza. Un niño corregido con amor se siente tenido en cuenta…uno de los testimonios que los hijos necesitan de sus padres es que no se dejen llevar por la ira…un adulto debe reconocer que algunas malas acciones tienen que ver con la fragilidad y los limites propios de la edad.

270. Lo fundamental es que la disciplina no se convierta en una mutilación del deseo, sino en un estímulo para ir siempre más allá.

¿Cómo te enseñaron tus padres a pedir perdón?

¿Te sentiste estimulado a hacer las cosas mejor después de ser corregido por tus padres?