María, madre de Jesús, tiene un papel fundamental en la fe de cada creyente. El Evangelio dice que el discípulo la lleva “a su casa”, es decir, la recibe en su corazón, encontrando en ella la fuerza para seguir a Jesús, sin importar las consecuencias. María es el aliento del discípulo, el impulso para decir “sí” al Reino de Dios en nuestra vida y en nuestra misión como Iglesia. En el relato de Juan, vemos a una María valiente, que acompaña a su hijo en el dolor sin resignarse, custodiando hasta el final la esperanza de los pobres. Representa firmeza, tenacidad y la paciencia de quien está dispuesta a volver a empezar, a aprender del dolor, a liderar incluso en la adversidad. En el corazón de nuestras comunidades hay mujeres con estos mismos valores; ellas mantienen viva la esperanza, la alegría y la coherencia de la Iglesia, sabiendo que ahí está presente el Hijo de Dios.
Diario Bíblico Claretiano 2026
No hay comentarios.:
Publicar un comentario