viernes, 17 de abril de 2020

#800 - Ponernos a salvo


Hch 2, 36-41

"En una situación de catástrofe o de peligro inminente hay que ponerse a salvo al costo que sea. Pedro lo dice con sentido de confesión de fe, pero cabe extenderlo a los demás ámbitos de la vida personal y común. <?Que debemos hacer?>. La pregunta se nos impone también en otros ordenes de la vida. Los retos urgentes que enfrentamos como humanidad son colosales porque hemos permitido que se agraven de manera acelerada en las ultimas décadas. Consideremos solo tres situaciones limite: la bio-sustentabilidad de nuestro planeta, la distribución equitativa de los bienes y el ejercicio verificable de los derechos humanos. Estamos en la misma barca de la humanidad y todos y cada uno tiene mucho que aportar en cada uno de estos rubros. Pensemos en que debemos hacer. A nivel individual, consideremos nuestras relaciones familiares, laborales o sociales maltrechas y respondamos también como podemos inyectarles la vitalidad de Cristo resucitado. ?De que hay que arrepentirnos y pedir perdón? ?Que nos pide hacer el Espíritu de Dios?

Tomado del Diario Bíblico 2020

jueves, 16 de abril de 2020

#799 -Noches de Oración 17




Imagen relacionadaNoches de oración con la Palabra
Décimosexto Encuentro
15 de abril 2020

I.              Introducción:
Este encuentro, aunque centrado como todos en la Palabra, tendrá como referencias los documentos, que a la luz de esa misma Palabra, la Iglesia ha publicado a lo largo de las últimas décadas y que nos orientarán sobre la participación de los cristianos en la vida social: El Catecismo de la Iglesia Católica; el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y las Conclusiones de Aparecida.

II.            Canto Inicial:                                      
                                                     
                                            Andando por el camino te tropezamos, Señor.
                                           Te hiciste el encontradizo, nos diste conversación.
                                           Tenían tus palabras fuerza de vida y amor,
                                           Ponían esperanza y fuego en el corazón.
                                        
                                         Te conocimos, Señor, al partir el pan.
                                         Tú nos conoces, Señor, al partir el pan.

                         
                                        
III.          Invocación al Espíritu Santo

IV.          Resumen encuentros anteriores: Política 2

V.            Texto de hoy: Génesis 1, 28
a.    ¿Qué dice el texto? – Ver el contexto, Conocer el autor y los destinatarios
b.    ¿Qué te dice el texto? – Reflexión personal; compartir
c.     ¿Qué le digo al Señor a luz del texto?
d.    ¿Qué me pide Jesús?

VI.          Política 4 (ver hoja)

VII.        Oración de petición y acción de gracias






Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
Quinta parte
Política


                                                                                       Ética y Política

                                        Capítulo XVIII. IV.2
                                                                   
                          Democracia participativa

·      Asegura la participación de los ciudadanos en las diversas soluciones políticas, garantiza el control de los gobernantes por los gobernados y su sustitución pacifica, ofrece condiciones para que la persona se eduque y pueda crear estructuras participativas y responsables.

                         IV.3 Principios fundamentales de un orden democrático

d. La división de poderes en el Estado de derecho

     La ley, y no la voluntad arbitraria de los hombres, es la que tiene y ostentan la soberanía en un Estado de derecho.

El poder legislativo no puede obviar las normas morales y constitucionales, ni las exigencias del bien común.

Los miembros del parlamento…Han de ser personas espiritualmente eminentes, de carácter firme, representantes del pueblo y no de la masa.

El impuesto económico no es un medio de enjugar el déficit, de realizar gastos imprudentes o de favorecer a un sector productivo a costa otros sectores. El sacrificio que se exige con los impuestos deberá compensarlo con unos servicios reales que traigan soluciones a las necesidades de la comunidad.

…también el Estado, sus funcionarios y las organizaciones dependientes de el están obligados a la reparación y la revocación de las medidas lesivas de la libertad, de la propiedad, del honor, del mejoramiento y de la vida de los individuos.

e. La vinculación al derecho

No basta el positivismo jurídico, que atribuye una engañosa majestad a la promulgación de leyes humanas, desconectadas de una fuente moral.

f. La autonomía de los grupos sociales intermedios

Los grupos sociales intermedios han de ser autónomos y tender a sus fines específicos, colaborando con otros y sometiéndose al bien común.

La autonomía se aplica también a comunidades territoriales dentro de un Estado, sobre todo cuando poseen identidad étnica, lingüística, cultural o histórica. Las minorías étnicas y nacionales no deben ser oprimidas en sus peculiaridades culturales o lingüísticas, ni abierta ni encubiertamente. Tampoco se debe obstaculizar o reducir su capacidad económica o limitar su fecundidad natural. Negarles una adecuada autonomía viola gravemente la justicia…

miércoles, 15 de abril de 2020

#798- Amoris Laetitia 5



La ternura del abrazo

27. Cristo ha introducido como emblema de sus discípulos sobre todo la ley del amor y del don de si a los demás (Mt 22, 39; Jn 13, 34)

28. En el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio y la familia, se destaca también otra virtud, algo ignorada, en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura. Acudamos al dulce e intenso Salmo 131. Aquí aparece la delicada y tierna intimidad que existe entre la madre y el niño, un recién nacido que duerme en los brazos de su madre después de haber sido amamantado…De modo paralelo, podemos acudir a otra escena, donde el  profeta Oseas coloca en boca de Dios como padre estas palabras conmovedoras: <Cuando Israel era joven, lo ame […] Yo enseñe a andar a Efraín, lo alzaba en brazos […] Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía, era para ellos como el que levanta a un niño contra su mejilla,  me inclinaba y le daba de comer> (11, 1.3-4).

¿Recuerdas los momentos de ternura de tu padre y de tu madre?

Si tienes hijos o has cuidado niños, ¿Cómo le expresabas cuando eran chicos la ternura? Y hoy, ¿cómo lo haces?

martes, 14 de abril de 2020

#797 - Palabra y Eucaristía




Jesús, mientras compartía el camino y la mesa con dos de sus discípulos camino de Emaús, nos dio la clave para penetrar el sentido de su resurrección. En primer lugar, les contó todo lo que de El decían las Escrituras  para finalmente sentarse a la mesa y partir el pan que por su bendición seria alimento de vida eterna. Es preciso en el momento de la fracción del pan que los discípulos le reconocen como resucitado.

Este mismo orden es el que sigue nuestras celebraciones eucarísticas: la escucha de la Palabra (Liturgia de la Palabra) y la consagración y fracción del pan (Liturgia Eucarística).

Por eso, "la Eucaristía será memoria de Jesús de Nazareth, alimento para un mundo nuevo, con justicia y solidaridad. Reducir la eucaristía a un rito religioso de media hora de celebración, desliga del proyecto de Jesús." (Diario Bíblico 2017)

Jesús, como a los dos discípulos de Emaús, nos dejó para siempre Su Vida para darnos vida en abundancia. Es esa vida en Jesús la que tenemos que prolongar más allá del templo para que todos los que nos vean crean y se salven. 

lunes, 13 de abril de 2020

#796 - Amoris Laetitia 4A



La Fatiga de tus manos

23. Al comienzo del Salmo 128, el padre es presentado como un trabajador… Que el trabajo sea una parte fundamental de la dignidad de la vida humana se deduce de las primeras páginas de la Biblia (Gen 2, 15)…Es la representación del trabajador que transforma la materia y aprovecha las energías de lo creado, dando luz al <pan de vuestros sudores> (Sal 127,2), además de cultivarse a sí mismo.

24. El trabajo hace posible al mismo tiempo el desarrollo de la sociedad, el sostenimiento de la familia y también su estabilidad y su fecundidad…En el libro de Proverbios también se hace presente la tarea de la madre de familia, cuyo trabajo se describe en todas sus particularidades cotidianas, atrayendo la alabanza  del esposo y de los hijos (31, 10-31)…El mismo Apóstol Pablo se mostraba orgulloso de haber vivido sin ser un peso para los demás…(Hch 18, 3; 1 Col 4, 12; 9,12).

25. Dicho esto, se comprende que la desocupación y la precariedad laboral se transformen sufrimiento…es lo que la sociedad esta viviendo trágicamente en muchos países, y esta ausencia de fuentes de trabajo afecta de diferentes maneras a la serenidad de las familias.

26. Tampoco podemos olvidar la degeneración que el pecado introduce en la sociedad cuando el ser humano se comporta como un tirano ante la naturaleza, devastándola, usándola de modo egoísta y hasta bruta.

¿Cómo has sentido que a través del trabajo se ha realizado tu vocación humana? ¿Qué es lo mas que has disfrutado de este?

Si has estado sin trabajo, ¿Quiénes te ayudaron a superar esta etapa difícil?

sábado, 11 de abril de 2020

#794 - Oficios de Viernes Santo 2020 - Homilia


Para meditar en espera de la Vigilia Pascual:

El predicador de la Casa Pontificia, P. Rainiero Cantalamessa, pronunció la homilía. Esta vez su prédica llevó por título “Tengo proyectos de paz, no de aflicción”.
A continuación el texto completo de su reflexión:
Tengo proyectos de paz, no de aflicción
San Gregorio Magno decía que la Escritura cum legentibus crescit, crece con quienes la leen. Expresa significados siempre nuevos en función de las preguntas que el hombre lleva en su corazón al leerla. Y nosotros este año leemos el relato de la Pasión con una pregunta —más aún, con un grito— en el corazón que se eleva por toda la tierra. Debemos tratar de captar la respuesta que la palabra de Dios le da.
Lo que acabamos de escuchar es el relato del mal objetivamente más grande jamás cometido en la tierra. Podemos mirarlo desde dos perspectivas diferentes: o de frente o por detrás, es decir, o por sus causas o por sus efectos.
Si nos detenemos en las causas históricas de la muerte de Cristo nos confundimos y cada uno estará tentado de decir como Pilato: «Yo soy inocente de la sangre de este hombre» (Mt 27,24). La cruz se comprende mejor por sus efectos que por sus causas. Y ¿cuáles han sido los efectos de la muerte de Cristo? ¡Justificados por la fe en Él, reconciliados y en paz con Dios, llenos de la esperanza de una vida eterna! (cf. Rom 5, 1-5).
Pero hay un efecto que la situación en acto nos ayuda a captar en particular. La cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento humano. De todo sufrimiento, físico y moral. Ya no es un castigo, una maldición. Ha sido redimida en raíz desde que el Hijo de Dios la ha tomado sobre sí.
¿Cuál es la prueba más segura de que la bebida que alguien te ofrece no está envenenada? Es si él bebe delante de ti de la misma copa. Así lo ha hecho Dios: en la cruz ha bebido, delante del mundo, el cáliz del dolor hasta las heces. Así ha mostrado que éste no está envenenado, sino que hay una perla en el fondo de él.
Y no solo el dolor de quien tiene la fe, sino de todo dolor humano. Él murió por todos. «Cuando yo sea levantado sobre la tierra —había dicho—, atraeré a todos a mí» (Jn 12,32). ¡Todos, no sólo algunos! «Sufrir —escribía san Juan Pablo II desde su cama de hospital después del atentado— significa hacerse particularmente receptivos, especialmente abiertos a la acción de las fuerzas salvíficas de Dios ofrecidas a la humanidad en Cristo» .
Gracias a la cruz de Cristo, el sufrimiento se ha convertido también, a su manera, en una especie de «sacramento universal de salvación» para el género humano
¿Cuál es la luz que todo esto arroja sobre la situación dramática que está viviendo la humanidad? También aquí, más que a las causas, debemos mirar a los efectos. No sólo los negativos, cuyo triste parte escuchamos cada día, sino también los positivos que sólo una observación más atenta nos ayuda a captar.
La pandemia del Coronavirus nos ha despertado bruscamente del peligro mayor que siempre han corrido los individuos y la humanidad: el del delirio de omnipotencia. Tenemos la ocasión —ha escrito un conocido Rabino judío— de celebrar este año un especial éxodo pascual, salir «del exilio de la conciencia».
Ha bastado el más pequeño e informe elemento de la naturaleza, un virus, para recordarnos que somos mortales, que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos. «El hombre en la prosperidad no comprende —dice un salmo de la Biblia—, es como los animales que perecen» (Sal 49,21). ¡Qué verdad es!
Mientras pintaba al fresco la catedral de San Pablo en Londres, el pintor James Thornhill, en un cierto momento, se sobrecogió con tanto entusiasmo por su fresco que, retrocediendo para verlo mejor, no se daba cuenta de que se iba a precipitar al vacío desde los andamios. Un asistente, horrorizado, comprendió que un grito de llamada sólo habría acelerado el desastre. Sin pensarlo dos veces, mojó un pincel en el color y lo arrojó en medio del fresco. El maestro, estupefacto, dio un salto hacia adelante. Su obra estaba comprometida, pero él estaba a salvo.
Así actúa a veces Dios con nosotros: trastorna nuestros proyectos y nuestra tranquilidad, para salvarnos del abismo que no vemos. Pero atentos a no engañarnos. No es Dios quien ha arrojado el pincel sobre el fresco de nuestra orgullosa civilización tecnológica. ¡Dios es aliado nuestro, no del virus!
«Tengo proyectos de paz, no de aflicción», nos dice él mismo en la Biblia (Jer 29,11). Si estos flagelos fueran castigos de Dios, no se explicaría por qué se abaten igual sobre buenos y malos, y por qué los pobres son los que más sufren sus consecuencias. ¿Son ellos más pecadores que otros?
¡No! El que lloró un día por la muerte de Lázaro llora hoy por el flagelo que ha caído sobre la humanidad. Sí, Dios "sufre", como cada padre y cada madre. Cuando nos enteremos un día, nos avergonzaremos de todas las acusaciones que hicimos contra él en la vida. Dios participa en nuestro dolor para vencerlo. «Dios —escribe san Agustín—, siendo supremamente bueno, no permitiría jamás que cualquier mal existiera en sus obras, si no fuera lo suficientemente poderoso y bueno, para sacar del mal mismo el bien».
¿Acaso Dios Padre ha querido la muerte de su Hijo, para sacar un bien de ella? No, simplemente ha permitido que la libertad humana siguiera su curso, haciendo, sin embargo, que sirviera a su plan, no al de los hombres. Esto vale también para los males naturales como los terremotos y las pestes. Él no los suscita.
Él ha dado también de la naturaleza una especie de libertad, cualitativamente diferente, sin duda, de la libertad moral del hombre, pero siempre una forma de libertad. Libertad de evolucionar según sus leyes de desarrollo. No ha creado el mundo como un reloj programado con antelación en cualquier mínimo movimiento suyo. Es lo que algunos llaman la casualidad, y que la Biblia, en cambio, llama «sabiduría de Dios».
* * *
El otro fruto positivo de la presente crisis sanitaria es el sentimiento de solidaridad. ¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, tan poco litigiosos, como en este momento de dolor? Nunca como ahora hemos percibido la verdad del grito de un nuestro poeta: «¡Hombres, paz! Sobre la tierra postrada demasiado es el misterio».
Nos hemos olvidado de los muros a construir. El virus no conoce fronteras. En un instante ha derribado todas las barreras y las distinciones: de raza, de religión, de censo, de poder. No debemos volver atrás cuando este momento haya pasado.
Como nos ha exhortado el Santo Padre no debemos desaprovechar esta ocasión. No hagamos que tanto dolor, tantos muertos, tanto compromiso heroico por parte de los agentes sanitarios haya sido en vano. Esta es la «recesión» que más debemos temer.
De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra (Is 2,4).
Es el momento de realizar algo de esta profecía de Isaías cuyo cumplimiento espera desde siempre la humanidad. Digamos basta a la trágica carrera de armamentos. Gritadlo con todas vuestras fuerzas, jóvenes, porque es sobre todo vuestro destino lo que está en juego.
Destinemos los ilimitados recursos empleados para las armas para los fines cuya necesidad y urgencia vemos en estas situaciones: la salud, la higiene, la alimentación, la lucha contra la pobreza, el cuidado de lo creado. Dejemos a la generación que venga un mundo más pobre de cosas y de dinero, si es necesario, pero más rico en humanidad.
* * *
La Palabra de Dios nos dice qué es lo primero que debemos hacer en momentos como estos: gritar a Dios. Es él mismo quien pone en labios de los hombres las palabras que hay que gritarle, a veces incluso palabras duras, de llanto y casi de acusación. «¡Levántate, Señor, ven en nuestra ayuda! ¡Sálvanos por tu misericordia! […] ¡Despierta, no nos rechaces para siempre!» (Sal 44,24.27). «Señor, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38).
¿Acaso a Dios le gusta que se le rece para conceder sus beneficios? ¿Acaso nuestra oración puede hacer cambiar sus planes a Dios? No, pero hay cosas que Dios ha decidido concedernos como fruto conjunto de su gracia y de nuestra oración, casi para compartir con sus criaturas el mérito del beneficio recibido [6] . Es él quien nos impulsa a hacerlo: «Pedid y recibiréis, ha dicho Jesús, llamad y se os abrirá» (Mt 7,7).
Cuando, en el desierto, los judíos eran mordidos por serpientes venenosas, Dios ordenó a Moisés que levantara en un estandarte una serpiente de bronce, y quien lo miraba no moría. Jesús se ha apropiado de este símbolo.
«Como Moisés levantó la serpiente en el desierto —le dijo a Nicodemo— así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3,14-15). También nosotros, en este momento, somos mordidos por una «serpiente» venenosa invisible. Miremos a Aquel que fue «levantado» por nosotros en la cruz. Adorémoslo por nosotros y por todo el género humano. Quien lo mira con fe no muere. Y si muere, será para entrar en la vida eterna.
"Después de tres días resucitaré", predijo Jesús (cf. Mt 9, 31). Nosotros también, después de estos días que esperamos sean cortos, nos levantaremos y saldremos de las tumbas de nuestros hogares. No para volver a la vida anterior como Lázaro, sino a una vida nueva, como Jesús. Una vida más fraterna, más humana. !Más cristiana!

viernes, 10 de abril de 2020

#793 - Viernes Santo 2020



Juan 18, 1-19, 42

"Jesús muere en la cruz del Calvario. La Iglesia en este día, con su pedagogía, invita a celebrar este misterio de amor. Es importante hacer silencio delante de el. El autor de la vida, ha probado la muerte producto de la violencia que el mundo ha ejercido sobre el. Los violentos buscan a Jesús. Los que viven según el poder del dominio necesitan destruirlo. Un ser humano como Jesús: diáfano, libre, novedoso, autónomo, misericordioso, incluyente y hermano de todos, es una molestia para las estructuras de poder y amenaza para sus detentadores. Buscan a Jesús para eliminarlo. necesitan asesinarle. Lo buscan con insistencia. La respuesta de Jesús a esa búsqueda tiene una palabra contundente: <Yo-Soy>. Esta respuesta tiene un valor teológico inmenso. La verdad de esta repuesta se explicitará cuando Jesús este colgado en la cruz. Allí Dios mostrará su gloria plenamente en el crucificado. Delante de ti, Señor, muerto en la cruz, te doy gracias por todo el amor donado hasta el extremo. Ayúdame a ser como tu".


Tomado del Diario Bíblico 2020