La condición que Jesús le pone al joven rico para alcanzar la salvación es clara: desprenderse de sus riquezas. Pero cuando él se niega, nos muestra algo importante: dejar las riquezas es difícil, pero seguir a Jesús lo es aún más. Jesús nos invita a un estilo de vida diferente, a enamorarnos de su proyecto del Reino. Nos llama a liberarnos de la seducción del dinero, a no poner el corazón en las riquezas, porque corremos el riesgo de hacerlas nuestro dios. Jesús nos advierte: “O Dios o el dinero”. Las riquezas, con su poder, destruyen familias, pueblos, y hasta nuestra propia tierra. Jesús no nos llama solo a una revolución social, sino a una revolución interior, a ser libres en el corazón. Esta libertad es la que nos llevará a la felicidad del Reino, como nos enseñó en el sermón del monte. Según la tradición de la Iglesia, lo que nos sobra ya no nos pertenece. Somos solo administradores en favor de los demás. ¿Cómo administras lo que tienes? ¿Piensas en los más necesitados?
Diario Bíblico Claretiano 2026
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