Filipos fue la primera ciudad europea evangelizada por Pablo y Silas. En el texto de hoy, Pablo expresa su cariño y buenos deseos hacia los filipenses, recordándonos que la obra de evangelización no es nuestra, sino de Cristo. Por eso, quienes evangelizamos debemos predicar a Jesús, no a nosotros mismos. La misión debe estar llena de alegría, acogida y gratitud. No podemos ser misioneros amargados ni dejarnos dominar por actitudes contrarias a la ternura y el buen juicio. Al contrario, debemos ser puentes de amor que fortalecen y unen a las comunidades. En el evangelio, Lucas relata cómo Jesús sana a una persona con el cuerpo hinchado por acumulación de líquidos. Antes de curarlo, los fariseos lo observan, buscando razones para criticarlo. Jesús, fiel a su misión, actúa con compasión y sin detenerse ante los prejuicios. ¿Predicamos con alegría y amor, como Pablo y Jesús, o nos dejamos vencer por críticas y actitudes negativas?
Diario Bíblico Claretiano 2026
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