domingo, 26 de abril de 2026

#3040- 4to Domingo de Pascua

 4to Domingo de Pascua

Según el relato de los Hechos, la gracia de la resurrección, vivida por los discípulos, se transformó en misión: anunciar a Jesús crucificado, quien es también el Resucitado, el Cristo de la fe. Este Jesús histórico, proclamado como Señor y Mesías, nos invita a una vida de paz y reconciliación. Aceptar este mensaje es comprometerse a luchar contra el mal y la injusticia en el mundo. La resurrección no solo nos libera, sino que también nos envía a una misión transformadora, llamándonos a la conversión, al bautismo y a recibir el don del Espíritu Santo para vivir en fidelidad esta nueva vida.

La carta de Pedro nos recuerda que seguir a Jesús implica una fidelidad radical al Reino de Dios, lo que a veces trae consigo sufrimiento, incomprensión, persecución e incluso la muerte. Aunque no buscamos el sufrimiento, lo aceptamos como resultado de nuestra coherencia con los valores del Evangelio. Jesús, quien padeció sin recurrir a la violencia, nos muestra cómo vivir en la voluntad de Dios aun en medio de la adversidad. Sus cicatrices nos sanan y nos dan fuerza para seguir adelante. Al regresar al Pastor de nuestras vidas, asumimos un compromiso con la justicia y la paz, aunque eso implique sacrificios.

Jesús, al denunciar a los falsos pastores, también nos enfrenta a realidades que desafían hoy a la Iglesia y la sociedad: el clericalismo, el machismo, el patriarcado, los abusos sexuales y de poder, así como los abusos económicos. Estas son formas modernas de los "ladrones y asaltantes" que no entran por la puerta, sino que buscan aprovecharse del rebaño, causando daño y destrucción. En contraste, el pastoreo que Jesús propone es cercano y cuidadoso, donde las ovejas son conocidas y amadas. Nos invita a rechazar cualquier forma de liderazgo que perpetúe el abuso o la explotación. En lugar de un liderazgo que somete, Jesús nos llama a uno que dignifica y construye relaciones basadas en la empatía, la justicia y el respeto.

En un tiempo en el que estos escándalos han herido profundamente a la Iglesia y minado la confianza del pueblo, es esencial asumir la responsabilidad de transformar nuestro liderazgo y pastoreo, para que proteja y nutra verdaderamente a cada persona.

¿Cómo podemos, siguiendo el ejemplo de Jesús, erradicar todas las formas de abuso en nuestras comunidades y crear un liderazgo que promueva la vida en abundancia?

Diario Bíblico Claretiano 2026

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