Mateo 23,27-32
Los profetas son incómodos porque tienen como misión decir la verdad. Son portadores de una palabra “más cortante que espada de doble filo” (Hb 4, 12), capaz de discernir los pensamientos e intenciones que anidan en el corazón. Ellos son conscientes de las implicaciones que conlleva ser comunicadores de un mensaje que desenmascara los ídolos y las mentiras de este mundo. Asumen los riesgos que conlleva la defensa de los empobrecidos y la promoción de la justicia. Son fieles hasta el martirio como destino del profeta. Porque, como afirmó Monseñor Romero: “¿Por qué se mata? Se mata porque estorba” (Homilía 23/9/1979) Hoy más que nunca necesitamos profetas que nos estimulen y que nos ayuden a ver el futuro con esperanza. La Iglesia, nuestras comunidades cristianas, cada cristiano/a estamos llamados a vivir la dimensión profética de nuestro bautismo. Reflexionemos, ¿cuántas veces, por no arriesgarnos, por comodidad o por miedo no denunciamos tantas injusticias? No dejemos de anunciar con audacia el Evangelio de la Vida y pensemos cómo vivir el profetismo en el día a día.
Diario Bíblico Claretiano 2025
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